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Jodid® 100 - prospecto, precio, modo de empleo y contraindicaciones del medicamento

Jodid 100 — comprimidos con yodo de 100 y 200 µg para prevenir y tratar el bocio por déficit de yodo. Dosis por edad, contraindicaciones y receta en línea.

sep. 8, 2026

Jodid 100: composición y presentación

Jodid 100 son comprimidos que contienen 100 µg o 200 µg de yodo en forma de yoduro potásico. La cifra del nombre corresponde a la menor de las dosis. Conviene fijarse en cómo está expresado: el contenido se da en yodo puro, mientras que en el comprimido se encuentra como sal, yoduro potásico, y por eso las cifras de los envases de distintos fabricantes se comparan a veces mal. La unidad aquí es el microgramo y no el miligramo, y no es un detalle menor: la diferencia entre la dosis preventiva y la dosis capaz de dañar la tiroides cabe en unos cientos de microgramos.

El comprimido se toma después de las comidas, con una cantidad suficiente de líquido, aproximadamente medio vaso de agua. La composición incluye lactosa, de modo que el medicamento no se administra a pacientes con la rara intolerancia hereditaria a la galactosa, deficiencia de lactasa de Lapp o síndrome de malabsorción de glucosa y galactosa. Sobre la capacidad de conducir y de manejar maquinaria el yodo no influye.

Cómo actúa Jodid 100

Un aporte suficiente de yodo es imprescindible para la síntesis propia de las hormonas tiroideas y para la morfología y el funcionamiento normales de la glándula. Según las directrices de la Organización Mundial de la Salud, un adulto necesita de 150 a 300 µg de yodo al día, y esas recomendaciones, como señala la ficha, aún no se han cumplido. Un aporte insuficiente de yodo es causa potencial de enfermedades: el bocio endémico y, en los casos graves, el cretinismo congénito.

A partir de ahí empieza la química, y es ella la que explica por qué el yodo no puede sustituirse por nada. Las células epiteliales de los folículos tiroideos captan el yodo por vía electroquímica —ese proceso se llama saturación y es el que convierte a la tiroides en el único órgano que acumula deliberadamente este elemento—. Después, en presencia de peróxido de hidrógeno como cosustrato, tiene lugar una oxidación facilitada por la peroxidasa yodada y se forma yodo orgánico. En ese proceso una parte de los restos de tirosina de la glucoproteína llamada tiroglobulina queda yodada en la posición 3 y, en parte, también en la 5 del anillo aromático. Es precisamente de esos restos yodados de donde se ensamblan después las hormonas tiroideas, así que sin aporte externo de yodo toda la cadena se rompe en el primer paso.

Indicaciones

Las indicaciones son tres y todas giran en torno a la carencia de yodo. La primera es la prevención del bocio en condiciones de déficit de yodo, sobre todo durante el embarazo y la lactancia. La segunda es evitar que el bocio reaparezca tras terminar el tratamiento con hormonas tiroideas o tras la extirpación quirúrgica de un bocio provocado por déficit de yodo. La tercera es el tratamiento del bocio por déficit de yodo en recién nacidos, niños y adolescentes.

La diferencia entre prevenir y tratar no es aquí formal. El bocio es el aumento de tamaño de la tiroides con el que la glándula responde a la falta de materia prima: sin recibir yodo, crece intentando exprimir más hormonas de lo poco que tiene. En una fase temprana la reposición de yodo la devuelve a la normalidad, y por eso en niños y adolescentes el bocio por déficit se trata. Al adulto el medicamento se le prescribe más a menudo para que el bocio no aparezca o no vuelva tras la operación. Merece atención aparte la segunda indicación: después de extirpar el bocio o de una tanda de hormonas tiroideas la causa que llevó al bocio sigue ahí y, sin yodo, la glándula volverá a crecer — la cirugía elimina la consecuencia, no la carencia.

Modo de empleo y dosificación

Si el médico no indica otra cosa, se siguen las pautas que figuran a continuación. Todas las dosis son diarias y están expresadas en yodo puro, de modo que de ellas se deduce directamente qué envase hace falta: el de 100 µg o el de 200 µg. Al ajustar la dosis se tienen en cuenta las diferencias regionales e individuales en el aporte de yodo con los alimentos: en unas zonas el agua y los productos contienen más y en otras casi nada. Esto importa especialmente en recién nacidos, lactantes y niños de hasta cuatro años, cuyas reservas propias son pequeñas y cuya necesidad por kilo de peso es, al contrario, grande.

SituaciónPara quiénDosis diaria de yodo
Prevención del bocio en el déficit de yodolactantes y niños50–100 µg
Lo mismoadolescentes y adultos100–200 µg
Lo mismoembarazo y lactancia200 µg
Prevención de la recidiva del bocio tras el tratamiento hormonal o tras la cirugíatodas las edades100–200 µg
Tratamiento del bocio por déficit de yodorecién nacidos y niños100–200 µg
Lo mismoadolescentes200 µg

La duración varía todavía más que la dosis. La administración preventiva de comprimidos con yoduro debe prolongarse por lo general muchos años y no pocas veces toda la vida: la carencia de yodo de una zona no desaparece. El tratamiento del bocio por déficit de yodo en el recién nacido suele llevar de 2 a 4 semanas. Los niños y adolescentes necesitan yodo, por regla general, de 6 a 12 meses, y a veces más.

Contraindicaciones

La primera contraindicación es el hipertiroidismo manifiesto, es decir, una función tiroidea aumentada ya diagnosticada. La segunda está formulada de manera atípica, con una dosis: el hipertiroidismo latente es contraindicación con dosis de yodo superiores a 150 µg al día. Dicho de otro modo, para una misma persona 100 µg son admisibles y 200 µg ya no.

La tercera contraindicación es el adenoma tiroideo autónomo, así como el bocio nodular focal o difuso con secreción autónoma. La palabra «autónomo» es aquí la clave: normalmente la glándula segrega hormonas por orden de la hipófisis, pero un nódulo o un adenoma pueden trabajar por su cuenta, fuera de esa regulación. A ese tejido le da igual cuánta hormona circula ya por la sangre: si recibe un exceso de yodo, sencillamente producirá más y aparecerá el hipertiroidismo. Cierra la lista la hipersensibilidad al principio activo o a cualquier excipiente.

Advertencias y precauciones especiales

Antes de emplear el medicamento hay que asegurarse de que el paciente no tiene ahora ni ha tenido en el pasado hipertiroidismo ni bocio nodular. Antes de iniciar el tratamiento con yodo se realiza la diagnosis correspondiente para descartar una secreción autónoma difusa o focal de hormonas tiroideas: si existe, dosis de yodo superiores a 150 µg diarios pueden desencadenar un hipertiroidismo. Esa es la regla principal de esta página: el yodo solo resulta inofensivo para una glándula que se regula con normalidad. Qué diagnóstico exactamente hace falta la ficha no lo precisa: lo decide el médico según la edad, las molestias y lo que ya se sabe de la glándula. El sentido de la comprobación es distinguir una tiroides que trabaja de forma uniforme de otra con zonas que se han salido del control de la hipófisis.

La segunda indicación se refiere al yodo radiactivo. La saturación de la tiroides con yodo puede impedir la acumulación óptima del yodo radiactivo administrado con fines diagnósticos o terapéuticos, de modo que antes de esos procedimientos la toma del medicamento debe interrumpirse con antelación. La lógica es simple: una glándula ya llena de yodo corriente no aceptará el marcado, y la prueba o el tratamiento perderán sentido. Conviene que lo recuerde también el propio paciente: el volante para una gammagrafía o para la terapia con radioyodo se emite semanas antes del procedimiento, y hay que mencionar los comprimidos de inmediato.

Interacciones con otros medicamentos

Las relaciones del yodo con el tratamiento de la tiroides son recíprocas y funcionan en ambos sentidos. La carencia de yodo intensifica la respuesta al tratamiento antitiroideo en el hipertiroidismo, mientras que el exceso la debilita; por eso todo aporte de yodo que pueda evitarse se interrumpe antes del tratamiento del hipertiroidismo y durante todo su curso. En el sentido inverso actúan los propios fármacos antitiroideos: bloquean la fijación del yodo en la glándula y por eso pueden comportarse como factores bociógenos.

La captación de yodo por la tiroides se bloquea de forma competitiva por sustancias con el mismo mecanismo de captación —por ejemplo el perclorato, que bloquea además el ciclo interno del yodo— y por sustancias no transportadas, como el tiocianato en concentraciones superiores a 5 mg por decilitro. La captación y el ciclo interno del yodo, en cambio, los estimula la tirotropina hipofisaria, la TSH. Se mencionan aparte dos combinaciones: dosis altas de yodo que bloquean la secreción hormonal de la glándula junto con litio aumentan el riesgo de bocio e hipotiroidismo, y dosis altas de yoduro potásico junto con diuréticos ahorradores de potasio pueden llevar a hiperpotasemia.

Embarazo y lactancia

Durante el embarazo y la lactancia la necesidad de yodo aumenta, de modo que un aporte suficiente del elemento resulta aquí especialmente importante: 200 µg al día. Es precisamente ese grupo el que aparece también en las indicaciones: la prevención del bocio en el déficit de yodo se considera relevante ante todo en embarazadas y lactantes. El yodo atraviesa la placenta y pasa a la leche, y su concentración en ella es treinta veces mayor: el organismo materno abastece deliberadamente al niño.

De ahí se derivan dos conclusiones prácticas. La primera: al ajustar la dosis hay que contar el yodo que ya llega con los suplementos alimenticios, porque de otro modo es fácil pasarse sumando el comprimido y el complejo vitamínico. La segunda: el recién nacido amamantado no necesita suplemento adicional de yodo, lo recibe con la leche. Al mismo tiempo, por la gran sensibilidad de la tiroides del feto y del recién nacido, durante el embarazo y la lactancia deben evitarse las dosis muy altas de yodo, del orden de los miligramos. La excepción está señalada aparte: el bloqueo preventivo de la tiroides con dosis altas de yodo tras catástrofes nucleares.

Reacciones adversas

El apartado de reacciones adversas es breve en este medicamento, y las dos situaciones descritas tienen que ver no con el yodo en sí sino con el estado de la tiroides que lo recibe. La primera: si en la glándula hay focos grandes de secreción autónoma, no puede descartarse por completo la aparición de hipertiroidismo con dosis de yodo superiores a 150 µg diarios. Ese umbral se repite tanto en las contraindicaciones como en las advertencias: en el fondo, toda la seguridad del medicamento descansa en si se descartó la autonomía antes de empezar.

La segunda situación afecta a las personas con predisposición a enfermedades autoinmunes de la tiroides: en ellas es posible la formación de anticuerpos frente a la peroxidasa tiroidea, esos mismos anticuerpos anti-TPO que se miden en los análisis. Su aparición no significa por sí sola enfermedad, pero requiere la atención del endocrinólogo. Notar ambos fenómenos por las sensaciones es difícil: el hipertiroidismo puede empezar con irritabilidad, palpitaciones, sudoración y pérdida de peso, y no todo el mundo los relacionará con un comprimido diminuto de yodo.

Sobredosis

La sobredosis aguda se manifiesta con coloración parda de las mucosas, vómitos, dolor abdominal y diarrea; son posibles la deshidratación y el shock, y en casos raros se ha observado estenosis esofágica. Las muertes se produjeron exclusivamente tras ingerir cantidades extraordinariamente grandes de yodo —de 30 a 250 ml de tintura de yodo—, es decir, en intoxicaciones con preparados completamente distintos y no con comprimidos medidos en microgramos. El tratamiento de la intoxicación aguda consiste en el lavado gástrico, la corrección de las alteraciones hidroelectrolíticas, el tratamiento del shock y otras medidas sintomáticas.

La sobredosis crónica conduce al yodismo, la intoxicación por yodo. Sus manifestaciones son reconocibles: sabor metálico en la boca, rinitis, conjuntivitis, irritación de la mucosa gástrica y bronquial, cambios cutáneos —ampollas, engrosamientos, descamación— y angioedema; muy rara vez se han descrito fiebre, acné y aumento de la salivación. Ante una sobredosis crónica se interrumpe la administración de yodo. Si el yodo provocó hipotiroidismo, se retira y se administran hormonas tiroideas. El hipertiroidismo inducido por yodo se trata con antitiroideos y, en casos muy graves, se requieren unidad de cuidados intensivos, plasmaféresis y a veces incluso la extirpación de la tiroides.

Cómo conseguir la receta de Jodid 100 en línea

Que el medicamento vaya con receta suele sorprender: al fin y al cabo el yodo también se vende como suplemento alimenticio. La diferencia está en la dosis y en el destino — el comprimido se prescribe para un estado concreto de la tiroides, no «para prevenir en general». En e-zdrowie.com la receta se tramita a distancia: cuestionario, análisis de las respuestas por el médico y receta electrónica en forma de código en un mensaje, con el que cualquier farmacia polaca entrega los comprimidos. La toma aquí es de años y la dosis, una vez ajustada, no cambia, así que el formato encaja sobre todo con las renovaciones.

Lo principal que el cuestionario debe aclarar es el estado de la tiroides. Indica si alguna vez se ha estudiado, si se hizo ecografía y si se hallaron nódulos, si se midió la TSH y cuándo, si ha habido hipertiroidismo, adenoma o bocio nodular, si se extirpó la glándula y si hubo tratamiento hormonal. Comunica sin falta el embarazo o la lactancia, la toma de litio, de diuréticos ahorradores de potasio y de antitiroideos, y también los suplementos y vitaminas con yodo, cuya dosis se suma a la del comprimido. Y avisa aparte si tienes previsto un estudio o un tratamiento con yodo radiactivo: antes de ellos habrá que suspender el medicamento con antelación.

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